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Categoría: Miscel

Bancos

kudeku 31/08/2008 @ 18:21

Puestos a que nos frían a comisiones, recargos e intereses, a que las condiciones no sean nunca las mejores, a que les tengamos que entregar mucho de lo que tenemos, a que tengamos que pelear con ellos para conseguir arañar minucias... en definitiva, puestos a depender de ellos, para lo bueno pero sobretodo para lo malo...

... al menos que me reciban con flores y una arquitectura agradable y no en estas moles frías, impersonales e insultantes de tanto poder como desprenden.

Banco Isaba
Banco...

Vuelta

kudeku 30/08/2008 @ 18:53

Todavía no nos hacemos a la idea que hayamos pasado tan rápidamente por el...

Cerrado por vacaciones

Casi sin darnos cuenta.

Y estos días nos sentimos un poco...

Vuelta

Sant Joan

kudeku 03/07/2008 @ 13:45

Días intensos en el norte durante el puente largo de Sant Joan. Tras la inevitable indecisión incial (¿nos vamos o nos quedamos? ¿dónde vamos? yo quiero mar, pues yo montaña: así no hay manera; pues ya veremos qué hacemos) y la calculada improvisación posterior, resultó que terminamos por acercarnos a tierras vascas, donde siempre nos encontramos a gusto.

Sábado: 

El viaje de ida, tranquilo, evitando la autopista, subiendo hacia el Pirineo, comiendo en Jaca (unas migas estupendas, el conejo no tanto -¡qué manía con la picada de perejil!-) y bordeando el embalse de Yesa, con las familias refrescándose y pasando la tarde bajo los pinos y algunas sombrillas, hasta llegar a una asfixiante Pamplona y por fín alcanzar una Donostia pre-tormentosa. Y efectivamente, nos pilló el chaparrón, aunque no lo lamentamos por lo frescos que estuvimos. Y luego, pues lo habitual: pintxos en el Casco Viejo, un paseo la mar de agradable, unas copichuelas... lo típico, vamos.

Domingo: 

Día de ruta por la costa guipuzcoana y vizcaína, tras un desayuno de pintxos y txacolí. Y café, claro. Mañana brumosa en Donostia, tras la lluvia, y descubrimiento de los pueblos y las playas: Zarautz, Getaria, Zumaia (nos gustó su playa, pero no sé porqué no nos paramos y lo hicimos en Deba). Luego Mutriku y llegamos a Lekeitio, que nos gustó y en el que decidimos parar a comer, algo sencillo (ensalada y chipirones en su tinta) que nos liberara de tanto pintxo acumulado.

Resposados, tomamos la directa hacia Bilbao, esperando llegar a tiempo para establecernos en el Hostal Begoña, llamar al mejor anfitrión que uno pueda esperar encontrar y dispuestos a aprovechar un par de días en la capital. Y lo cierto es que fue una dura prueba: comer pintxos domingo por la noche, yendo de un lado para otro, con un España-Italia en todos los televisores, y nosotros de parranda, fue complicado, pero el examen se aprobó con nota. Uno de esos días en que te acuestas con una sonrisa en los labios: las cosas van bien.

Lunes:Puerto Viejo

Un café justito, un pintxo de tortilla sin cebolla, un par de compras necesarias, y escapada en coche bajando por la ría hasta el Puerto Viejo de Algorta, semidesierto, tranquilo, soleado. El Puerto Viejo es un espacio diminuto, más que diminuto enclaustrado, que escala la ladera y vive su vida con la permanente amenaza de los edificios residenciales que lo acotan desde arriba. Menudas moles desde lejos. Ahí es nada. Los pocos paseantes que andábamos por sus calles o nos tomamos unos pintxos (como no) en su placita ni nos inmutamos por ello. La vida sigue su ritmo, a veces más acelerado y otras más pausado, y a menudo estamos entre los acelerados: capeemos el temporal entonces y aprovechemos y disfrutemos cuando la vida reduce una marcha y las cosas van de slow. Y a este placer nos entregamos. Leyendo periódicos, picando pintxos, tomando brebajes frescos de baja graduación (pero graduación, al fín y al cabo) y disfrutando del día.

Tapelia BilbaoLuego, una siesta en la playa de Ereaga, de arena limpia pero agua sucia y retorno a Bilbao, con una parada para ver eso del Puente Colgante de Bizkaia (que yo conocía por Puente de Portugalete). Por la noche, un tanto saturados de tanto pintxo, nos acercamos a un Tapelia, que yo no conocía y en el que cenamos bien, suave, sin estridencias.

Martes:

De nuevo un café justito (parece que en Bilbao también hacen alguna cosa mal) y agradable paseo por la riba izquierda hasta el Guggenheim y el Euskalduna. El primero impresiona, el segundo fascina. Volvemos en tranvía al Casco Viejo y nos encontramos con nuestro anfitrión en el Bilbao, haciendo hueco para la comida. De la comida hablaré en un post inmediatamente porque merece punto y aparte. Sólo anticipar que fue un descubrimiento absoluto, sin matices. Después, por la tarde y ya con la inquietud de ver que el reloj avanzaba hacia lo inevitable, conocimos a Mikel, que nos acogió maravillosamente y con el que charlamos un buen rato sobre todo y sobre nada.

Y como el reloj dijo basta, tuvimos que dejarlo ahí, recoger el coche y salir zumbando a nuestro pesar hacia el Mediterráneo. Ahora si por autopista y contando el paso de las horas. Pudimos disfrutar del paisaje hasta Zaragoza, lo justo para dejar en la agenda una nota de que La Rioja está ahí, esperándonos para otra ocasión. Y sin más, llegamos a Barcelona apenas el miércoles empezó a sacar cabeza.

El suquet de despedida

kudeku 17/06/2008 @ 00:30

Inicialmente, el plan era ir a caminar por algún rincón del Pirineo: de la Garrotxa, el Ripollès o el Berguedà. Luego la cosa derivó en caminar por el Cap de Creus hasta poder llegar a la Tavellera y darnos un baño. Y con la mediación de la huelga de transportistas, que nos pilló en La Roca durante una hora, acabó siendo una subida a las rocas del Port de la Selva, con el primer chapuzón mediterráneo del año, breve pero delicioso, y una mesa reservada en Can Narra para hacer un suquet. Comer, al fín y al cabo, que es como se hacen bien las cosas.

Can NarraPasamos pues, de la excelencia convertida en arte en Can Roca a la perfecta sencillez del mar puesto en la cazuela, con patata y poco más. Poco más es lo que le hace falta al suquet de Can Narra. Con el cuerpo medio adormecido por efecto de la sal, los dedos de los pies frotándose perezosamente fuera de las chanclas, un vino blanco de l'Empordà, fresquete e ideal para el momento, y la luz del Mediterráneo inundando el comedor, pasamos una comida deliciosa acompañados de los amigos que hacen que estos momentos valgan la pena.

Después, una siesta en la playa nos acabó de reencontrar con el verano que creíamos no llegaría, después de un mes lluvioso, deseado pero lluvioso al fín y al cabo. Y aunque fuera domingo por la tarde y pronto terminara todo, nos sentimos felices en un día que acabó siendo casi perfecto.

La tragedia del Batavia. 1/2: El viaje

kudeku 04/06/2008 @ 20:04

Fascinante lectura (relectura, en este caso) de un libro apasionante: La tragedia del Batavia, de Mike Dash. Me ha tenido varios días reenganchado a las vicisitudes que suceden al viaje del retourschip neerlandés Batavia en su intento de llegar a Java por la ruta del sur.

La tragedia del BataviaSituémonos en la historia. 1628: el buque Batavia, fletado por la Compañía Jan (Compañía Holandesa de las Indias Orientales) zarpa del Zuyderzee holandés con la misión de llegar a Java para poblar la colonia y realizar operaciones comerciales muy lucrativas para los Diecisiete Señores, los inversores de la Compañía. El viaje se desarrolla sin novedad aparente hasta el Cabo de Buena Esperanza. Sin novedad, aparte de las habituales enfermedades tropicales al descender por la costa africana, la aparición del escorbuto, el deterioro de la comida o el conflicto de poderes entre Francisco Pelsaert (Comendador, el encargado de velar por los intereses de la Compañía) y el patrón del barco, Arien Jacobz. Las condiciones de vida a bordo durante un viaje tan largo son descritas de forma clarividente, y distan mucho de las que muestra el cine convencional en estos casos. El ejemplo de los insectos, piojos, chinches y bichos varios que abarrotaban el barco es especialmente impactante:

Los pocos días que la flota de Pelsaert pasó en Sierra Leona habrían sido suficientes para que algunos insectos africanos de mayor tamaño accedieran a las cubiertas inferiores del barco, donde se habrían multiplicado a una velocidad pasmosa. El capitán de un buque danés se enfureció de tal modo con la devastadora plaga de alimañas que llevaba a bordo de su barco que ofreció a sus marinos un chupito de brandy por cada centenar de cucarachas que mataran. En cuestión de días, los cuerpos aplastados de 38.250 insectos habían sido presentados para su inspección.

A partir del Cabo, y tras reponer fuerzas y productos frescos, la ruta se bifucraba: por un lado existía la ruta portuguesa, subiendo por la costa africana hasta Madagascar y trazando una diagonal hacia las Indias. Pero era una ruta problemática, puesto que el control de los puertos estratégicos estaba en manos de un hostil Portugal, el calor era asfixiante y los vientos y corrientes transformaban en extraordinariamente lento el viaje, con el riesgo de tropezarse con un ciclón. El viaje se podía prolongar durante más de doce meses.

Réplica del Batavia

Pero en 1610 se descubrió una ruta alternativa: la llamada ruta del sur. Descendiendo al sureste desde el Cabo de Buena Esperanza se alcanzaban los Cuarenta Rugientes, siguiendo el paralelo cuarenta, cerca de las actuales Kerguelen, y un viento de poniente empujaba a gran velocidad a los buques hasta el Oriente. Se viajaba mucho más al sur de la India, por supuesto, pero allí había algo que hasta la época se suponía pero se desconocía: un nuevo continente llamado Terra Australis Incognita, la actual Australia. Así pues, como era una tierra desconocida y aparentemente yerma desde el mar, los buques holandeses calculaban el tiempo de ruta hasta alcanzar la longitud de las Indias y entonces viraban al norte siguiendo la inhóspita costa oeste australiana. Esta ruta del sur reducía el tiempo de viaje a la mitad y aseguraba la llegada de toda la tripulación sana a las Islas de las Especias. Y ésta, fue la ruta que tomó el Batavia.

Aquella era una época en que los mapas eran inexactos, en que las noticias de nuevos descubrimientos o de peligros marítimos tardaban años en difundirse a todos los capitanes (que el descubridor llegara a la metropoli, presentara su informe, se aceptara lo descrito y se fuera comunicando a otros patronos a medida que iban llegando a la metropoli). Hay que considerar también que la medición de la latitud (distancia respecto al ecuador, norte-sur) era un problema resuelto hacía tiempo; pero la medición de la longitud (posición este-oeste) todavía era aproximada por no existir mediciones del tiempo fiables. La longitud se estimaba, y por ende, el márgen de error acumulado tras varios días de travesía podía llegar a ser considerable.

Por todo ello, en el Batavia, suponían que estaban cerca de la Terra Australis, pero no sabían cuanto. Lo que no podían saber es que a 50 millas del continente, un minúsculo archipiélago de islotes llanos y arrecifes de coral se interponía en su camino. Había sido descubierto en 1619 y señalado como un obstáculo peligroso allí donde se suponía había mar abierto, pero como dijimos, muchos capitanes no tenían esa información en sus cartas. De hecho, su descubridor, Frederick de Houtman las bautizó con el descriptivo nombre de Abrolhos (del portugués abri vossos olhos) de Houtman. De día, quizás se podrían ver a tiempo, pero la medianoche del 3 de junio de 1629, el Batavia colisionó a toda velocidad sin saber qué era lo que se interponía en su camino.

Seguirá.

Jugando

kudeku 02/06/2008 @ 01:17

Noche de verano, hace un calor espantoso. Son cerca de las once y aún faltan un par de horas para que salga el barco. Hay centenares de coches, cargados hasta los topes, esperando en el aparcamiento del puerto el momento en que comience el embarque y la panzota del canguro se nos trague. Estamos en un puerto del sur de España y mañana amaneceremos en otro puerto español, pero en el otro costado del Mediterráneo. Luego, ya veremos.

La gente aprovecha para comer algo improvisado: nene traeme una cocacola, para mi uno de jamón... otros descansan entre las furgonetas, y los camioneros revisan algo entre los ejes de sus bestias. En un claro entre coches, muy cerca, varios críos corretean y gritan y dan patadas a un balón. En un momento en que presto atención, un niño pequeño, que corre de aquí para allá, se para con su pelota delante de otro chaval, que hasta ese momento sólo estaba mirando a los demás. Se miran un instante y el primero le dice al otro "¿eres árabe?". El otro no dice nada, no le entiende. Pero se siguen mirando el uno al otro. Entonces el primero sonríe, hace señal de darle la pelota, el otro la coge, la chuta y empiezan correr hacia los demás.

Al cabo de un rato veo que están todos juntos, chutando balones, corriendo, sudando, riendo, jugando...

Strand Bookstore

kudeku 30/05/2008 @ 00:12

Sin ningún tipo de duda, un aliciente más para ir a Nueva York. O, al menos, hacer una paradita (recomiendo una paradaza) si se viaja a la Gran Manzana. Strand Bookstore es una de las mejores librerías de libros de saldo del mundo. Es uno de aquellos sitios a los que uno entra pensando que quizás se llevará un par de cosillas en libros de fotografía o arquitectura, con suerte y tras buscar un rato; y siempre, digo siempre, acaba saliendo con dos o tres bolsas repletas, a punto de reventar, y pensando cómo diablos meter todo eso en la maleta. Hummm... quizás mejor comprar otra maleta barata en Chinatown.
Strands exterior
El caso es que se pueden encontrar los mismos libros de la última exposición del Moma o los catálogos de exhibiciones del Brooklyn Museum, pero a mitad de precio o incluso más. Nadie en su sano juicio debería pasar por alto un alto en el camino: programar una tarde entera para rebuscar por las mesas y estanterías de Strands. Más fácil de encontrar, imposible: en Broadway con la calle 12.

Miel

kudeku 22/05/2008 @ 17:09

Al fin, después de algunos picotazos defensivos más que comprensibles que esperemos no vayan a más, pudimos obtener la preciada recompensa de esta maravilla. Posiblemente habrá mieles mejores, más dulces, refinadas y más filtradas (todavía hay restos de cera). Pero más natural y casera que esta...
Miel!

Blublu

kudeku 14/05/2008 @ 01:53

No soy especialmente amante ni muchísimo menos entendido en este tipo de manifestaciones artísticas. Pero he visto pocas cosas tan impactantes como el trabajo de Blublu.

Desayunos

kudeku 13/05/2008 @ 17:18

DesayunosEn Asesinato en el Comité Central, Montalbán exiliaba temporalmente de Barcelona a Carvalho, mandándole al Madrid de la Transición más dura. Nuestro detective no hacía más que lamentarse amargamente del desierto de porras y churros añorando un más que estimable desayuno a base de pan con tomate, catalana de esa bien trufada, unas aceitunas partidas, un clarete frío en porrón. Cosas suaves. Quizás exageraba Montalbán. Afortunadamente las cosas han cambiado en la capital. Llega a mis manos una novedad de RBA, Desayunos en Madrid de Sara Cucala, con el estimulante subtítulo Del churro al brunch, con lo que no se reniega de lo clásico y a la vez se abraza lo último. El libro es un placer visual en el que encontramos clásicos como Sylkar y sus apetitosas tortillas y el goce de un completo brunch en el hermoso y tranquilo Iroco. Juntos pero no revueltos. Aunque si lo que buscais son los mejores churros, también están...