Jugando
Noche de verano, hace un calor espantoso. Son cerca de las once y aún faltan un par de horas para que salga el barco. Hay centenares de coches, cargados hasta los topes, esperando en el aparcamiento del puerto el momento en que comience el embarque y la panzota del canguro se nos trague. Estamos en un puerto del sur de España y mañana amaneceremos en otro puerto español, pero en el otro costado del Mediterráneo. Luego, ya veremos.
La gente aprovecha para comer algo improvisado: nene traeme una cocacola, para mi uno de jamón... otros descansan entre las furgonetas, y los camioneros revisan algo entre los ejes de sus bestias. En un claro entre coches, muy cerca, varios críos corretean y gritan y dan patadas a un balón. En un momento en que presto atención, un niño pequeño, que corre de aquí para allá, se para con su pelota delante de otro chaval, que hasta ese momento sólo estaba mirando a los demás. Se miran un instante y el primero le dice al otro "¿eres árabe?". El otro no dice nada, no le entiende. Pero se siguen mirando el uno al otro. Entonces el primero sonríe, hace señal de darle la pelota, el otro la coge, la chuta y empiezan correr hacia los demás.
Al cabo de un rato veo que están todos juntos, chutando balones, corriendo, sudando, riendo, jugando...

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En Asesinato en el Comité Central, Montalbán exiliaba temporalmente de Barcelona a Carvalho, mandándole al Madrid de la Transición más dura. Nuestro detective no hacía más que lamentarse amargamente del desierto de porras y churros añorando un más que estimable desayuno a base de pan con tomate, catalana de esa bien trufada, unas aceitunas partidas, un clarete frío en porrón. Cosas suaves. Quizás exageraba Montalbán. Afortunadamente las cosas han cambiado en la capital. Llega a mis manos una novedad de RBA, Desayunos en Madrid de Sara Cucala, con el estimulante subtítulo Del churro al brunch, con lo que no se reniega de lo clásico y a la vez se abraza lo último. El libro es un placer visual en el que encontramos clásicos como Sylkar y sus apetitosas tortillas y el goce de un completo brunch en el hermoso y tranquilo Iroco. Juntos pero no revueltos. Aunque si lo que buscais son los mejores churros, también están...

