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Nada más

No hace falta nada más para (intentar) ser feliz. Cerveza y mar
A mi amigo Lorenzo, con quien espero, pronto, compratir otra Victoria frente al mar.

Zuzabed

En estos tiempos en que todas las ciudades se parecen cada vez más (y ya hablaré de esto más adelante), lo que marca la diferencia entre convivir, así sea por unas horas, y turistear un lugar es el sitio donde nos hospedamos.

Cuando compremos un billete low cost, por cuatro duros, a cualquier ciudad-espejo europea deberíamos pensar muy bien, y dedicar bastante tiempo, a meditar acerca del lugar que va a ser nuestra casa durante el breve tiempo que estemos allí. Lo interesante es que cuando pienso en esto siempre viene el mismo lugar a mi mente.

Imaginemos que vamos de puente a Lisboa. Pueden ser unos días fantásticos o simplemente correctos. El tiempo sumará o restará, claro, ya que no es lo mismo 3 días de sol sin sofoco que tres dias de lluvia fina y constante (si lo que queremos es disfrutar con la lluvia, previamente nos podemos plantear ir a Edimburgo, ¿no?). Tres días en Lisboa, soleados pero no agobiantes. El plan promete. No lo echemos a perder en un hotel también espejo de la Avenida da Liberdade, uno de esos monolitos de acero y cemento que infestan los centros de cualquier ciudad. Porque además de feos y aburridos, esos sitios son una estafa. Y no hay nada peor para echar a perder lo que puede ser un maravilloso puente en Lisboa.

Por esto recomiendo fervientemente que llaméis a Luis a ver si le queda alguna de sus cuatro habitaciones libres. Desconozco si es el mejor sitio (¿y cuál es el mejor?) donde os podéis quedar en Lisboa, y lo cierto es que no me importa. Porque para mi si lo es. En su página dice que Zuzabed es su como su casa. Y puedo dar fe que así es. Una casa en la que no te puedes sentir ajeno. Un lugar donde cada detalle cuenta y donde absolutamente nada sobra. Un placer.

El fantasma

¡Apareció detrás de una curva!
Un fantasma a caballo
Peazo foto de Naza.

Miel

Al fin, después de algunos picotazos defensivos más que comprensibles que esperemos no vayan a más, pudimos obtener la preciada recompensa de esta maravilla. Posiblemente habrá mieles mejores, más dulces, refinadas y más filtradas (todavía hay restos de cera). Pero más natural y casera que esta...
Miel!

Black Swan

The eraser, de Thom Yorke.

El peor viaje del mundo

Siempre que escuchamos adjetivos como el peor, el mayor, el mejor... nuestra curiosidad se pone en alerta para saber de qué se está hablando. El mejor deportista, el peor desastre, el mayor logro superado... nos refieren a algo muy profundo en nosotros: la admiración por los límites. Cherry-Garrard

La primera vez que escuché sobre este libro, El peor viaje del mundo, fue en una entrevista a Paul Theroux en una época en que sus crónicas de viajes por los ferrocarriles de todo el mundo eran una de las novedades editoriales más recientes en España. En esta entrevista, Theroux hablaba de su libro de viaje favoritos. Como los amigos de mis amigos, son mis amigos; el libro favorito de uno de mis autores favoritos, debería ser uno de mis libros favoritos.

Corrí a mi librería de cabecera a comprar un ejemplar de El peor viaje del mundo, de Apsley Gherry-Garrard y empecé a devorarlo para comprobar si los elogios de Theroux eran ciertos. El libro es la crónica de una expedición polar: la epopeya de Scott por vencer el Polo Sur antes que su rival noruego Roald Amundsen. Ya había leído algunas cosas sobre esta carrera, pero lo cierto es que poder conocer más sobre una de las últimas fronteras conquistadas resultaba suficientemente estimulante.

Y lo cierto es que la crónica del desastre de la expedición de Scott es extraordinaria, impecable y magistralmente escrita. Pero no es lo mejor de este libro. Hay una breve historia dentro, un capítulo de menos de un centenar de páginas, El viaje de invierno, en que Cherry-Garrard nos relata una experiencia límite: un viaje invernal de cinco semanas, desde la base de Scott hasta el Cabo Crozier. Realizado por tres hombres (el mismo Garrard, Bowers y Wilson), a oscuras y con el objetivo de encontrar unos huevos de pingüino emperador estamos ante uno de los relatos más alucinantes de la literatura de viajes. Como escribe el propio Theroux en su introducción:Bowers, Wilson y Cherry

Las ochenta páginas de este capítulo son las más angustiosas que he leído jamás en un libro de viajes, y poco tienen que envidiar a la Narración de Arthur Gordon Pym de Edgar Allan Poe en lo que se refiere a describir un tiempo amenazador y a transmitir la sensación de creciente terror.

Hay que leerlo para intentar imaginarlo: cinco semanas a oscuras, con viento constante, arrastrando cada uno un trineo de más de 100 kilos, a temperaturas que oscilaron entre los -45º y los -60º, y todo esto con los equipos y el material que podían disponer en el año 1911. Esta es la crónica de un suicidio anunciado que, sin embargo culminó con un final sorprendente: los tres hombres sobrevivieron para contarlo y fue, de hecho, la única victoria moral conociendo el dramático desenlace de la posterior expedición de Scott al Polo.

El peor viajeHacía varios años que el libro se encontraba agotado, en parte porque, lastimosamente, Ediciones B decidió no continuar apostando por la Biblioteca Grandes Viajeros, una de las mejores colecciones de literatura de viajes que se han editado en España. Pero es una grandísima noticia el conocer que recientemente la misma editorial ha repescado este título para la colección Byblos, en un formato de bolsillo, pero de tapa dura. Y atención porque es una auténtica ganga: el libro vale 5 € según la web de la editorial. No hay ninguna excusa posible para no disfrutarlo.

Mozarella

Me ha gustado mucho el post sobre la Mozarella y la Burrata de
Ligasalsas. Sólo añadir que la mejor Mozarella que hemos probado fue en la minúscula y deliciosa Trattoria Da Zi Aniello, en Nápoles.

Dedos

Los habitantes de Gran Canaria andan entre tristes y desconcertados. A finales del 2005, los esterotres del ciclón Delta partieron el famoso Dedo de Dios, un femómeno de la naturaleza por su espectacularidad y, dicho sea de paso, la principal atracción turística de Agaete, en la costa noroccidental de la isla.

Dedo de Dios

Este fin de semana pudimos comprobar que el Dedo ha pasado a ser un simple muñón, resultando bastante menos impactante para el ojo humano, tanto del visitante como del local. Algunos insisten en que hay un plan para restauralo tal y como era antes, pero parece improbable. Que se quede como está.

Otro también llamado Dedo de Dios (y van dos) en Maruata, México:

Maruata

Y la Falaise d'Aval en la Côte d'Albatre, en la Normandía francesa (cerca de Le Havre), que Guy de Maupassant comparó con la trompa de un elefante hundiéndose en el mar:

Falaise, Fécamp

Son otros Dedos que siguen imperturbables el paso del tiempo hasta el día en que un ciclón tropical (probable en el primero, muy improbable en el segundo) los convierta en quién sabe qué. Simplemente, la naturaleza seguirá su curso.

Actualización:

¡Cómo me podía dejar el dedo de Dyrhólaey, en Islandia!
Dedo islandés
Gracias Julia por pasármelo.

El Diablo

La primera vez que vi esta fotografía, en el ineludible festival Visa pour l'image de Perpignan, no dudé ni un instante de que estaba viendo al mismísimo Diablo.
Por un fotógrafo grandioso.

Putin o el Diablo

Blublu

No soy especialmente amante ni muchísimo menos entendido en este tipo de manifestaciones artísticas. Pero he visto pocas cosas tan impactantes como el trabajo de Blublu.