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Montségur

En el sur de Francia, acercándonos a los Pirineos Orientales, nos encontramos con dos Departamentos: el Aude y el Ariège. De pasado común occitano, hoy son dos vecinos distintos y separados: el Aude es Languedoc y mira a Montpellier. El Ariège es Midi-Pyrénées y depende de Toulouse. Su nombre parte de los ríos que los cruzan, algo típico en la nomenclatura con la que la Revolución reordenó el país.

Montségur

El Aude es verde campo, tiene cosechas y vino, es abierto, soleado, con unos cielos claros, de nubes inmensas. Sus minúsculos pueblos están repletos de abuelos que pasan la tarde mirando la carretera y charlando de lo que charlan los abuelos cuando miran la carretera. El Ariège, por el contrario es cerrado, montañoso, arisco, territorio de niebla y nieve; domina los Pirineos Orientales desde el País del Donezan hasta los oscuros valles que rodean el Mont Valier.

Justo en el punto donde se encuentran, existe uno de los lugares más emblemáticos de la historia de Francia, y de Europa. El castillo de Montségur.

Vale la pena acercarse hasta él y ver lo que queda de la última resistencia cátara ante el empuje papista. Aunque, a decir verdad, no hay mucho que ver en el castillo: son poco más que cuatro paredes vacías en lo alto de una loma. En cambio, desde la distancia, la vista que ofrece el castillo impresiona de verdad. Viendo el nido de águilas, ese pedrusco que es Montségur, se puede entender cómo fue posible que el último reducto cátaro resistiera casi un año el asedio de un ejército (del Papa y de la Monarquía francesa) al parecer unas 10 veces más numeroso.

Hay que acercarse a Montségur en primavera. Huyamos del misticismo reinante abajo, en el pueblo. Hay que hacer el pequeño esfuerzo de subir hasta arriba, mirando al norte y al este, los campos del Aude ofrecen su esplendor germinal. Empieza a hacer calor y se nota la humedad en la espalda. Pero moviendo un poco la cabeza, al sur y al oeste, las montañas del Ariège, con el cercano Pic de St-Barthélemy todavía muestran su cara amenazante, con nieve persistente y nubes oscuras.

Vale la pena acercarse hasta Montségur. Se nota que es tierra de frontera.

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