El salario del miedo
Recientemente volví a ver El salario del miedo, de Henri-Georges Clouzot. Me gusta muchísimo esta película y de vez en cuando cojo la cinta de vídeo (si, todavía tengo vídeo y le doy un muy buen uso) donde la tengo grabada. No haré ningún tipo de análisis de este peliculón, primero porque no sabría hacerlo y luego porque no es mi intención (hay un montón de blogs y webs que ya lo hacen). Pero sí decir algo sobre el porqué me gusta esta película.
Por un lado está el pueblo donde se situa la primera parte, cuando se conocen los dos protagonistas, Mario (un joven Yves Montand) y Jo (Charles Vanel). El ambiente es asfixiante: un sol agotador, un entorno que abruma a cualquiera, y que sin duda nos situa en la misma atmósfera bajo la cual sucede El extranjero de Camus, escrito pocos años antes. Con esas perspectivas, ya sabemos que algo acabará mal.
Luego el escenario se transforma en una ruta, de destino inalcanzable, donde los camiones deambulan constantemente al límite sin dejarnos reponer de las trampas que la carretera impone. Y el final, evidentemente, el peor de los posibles pero el más esperable.
Un lujazo poder disfrutar de nuevo de esta grandísima obra maestra.

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