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La tragedia del Batavia. 1/2: El viaje

Fascinante lectura (relectura, en este caso) de un libro apasionante: La tragedia del Batavia, de Mike Dash. Me ha tenido varios días reenganchado a las vicisitudes que suceden al viaje del retourschip neerlandés Batavia en su intento de llegar a Java por la ruta del sur.

La tragedia del BataviaSituémonos en la historia. 1628: el buque Batavia, fletado por la Compañía Jan (Compañía Holandesa de las Indias Orientales) zarpa del Zuyderzee holandés con la misión de llegar a Java para poblar la colonia y realizar operaciones comerciales muy lucrativas para los Diecisiete Señores, los inversores de la Compañía. El viaje se desarrolla sin novedad aparente hasta el Cabo de Buena Esperanza. Sin novedad, aparte de las habituales enfermedades tropicales al descender por la costa africana, la aparición del escorbuto, el deterioro de la comida o el conflicto de poderes entre Francisco Pelsaert (Comendador, el encargado de velar por los intereses de la Compañía) y el patrón del barco, Arien Jacobz. Las condiciones de vida a bordo durante un viaje tan largo son descritas de forma clarividente, y distan mucho de las que muestra el cine convencional en estos casos. El ejemplo de los insectos, piojos, chinches y bichos varios que abarrotaban el barco es especialmente impactante:

Los pocos días que la flota de Pelsaert pasó en Sierra Leona habrían sido suficientes para que algunos insectos africanos de mayor tamaño accedieran a las cubiertas inferiores del barco, donde se habrían multiplicado a una velocidad pasmosa. El capitán de un buque danés se enfureció de tal modo con la devastadora plaga de alimañas que llevaba a bordo de su barco que ofreció a sus marinos un chupito de brandy por cada centenar de cucarachas que mataran. En cuestión de días, los cuerpos aplastados de 38.250 insectos habían sido presentados para su inspección.

A partir del Cabo, y tras reponer fuerzas y productos frescos, la ruta se bifucraba: por un lado existía la ruta portuguesa, subiendo por la costa africana hasta Madagascar y trazando una diagonal hacia las Indias. Pero era una ruta problemática, puesto que el control de los puertos estratégicos estaba en manos de un hostil Portugal, el calor era asfixiante y los vientos y corrientes transformaban en extraordinariamente lento el viaje, con el riesgo de tropezarse con un ciclón. El viaje se podía prolongar durante más de doce meses.

Réplica del Batavia

Pero en 1610 se descubrió una ruta alternativa: la llamada ruta del sur. Descendiendo al sureste desde el Cabo de Buena Esperanza se alcanzaban los Cuarenta Rugientes, siguiendo el paralelo cuarenta, cerca de las actuales Kerguelen, y un viento de poniente empujaba a gran velocidad a los buques hasta el Oriente. Se viajaba mucho más al sur de la India, por supuesto, pero allí había algo que hasta la época se suponía pero se desconocía: un nuevo continente llamado Terra Australis Incognita, la actual Australia. Así pues, como era una tierra desconocida y aparentemente yerma desde el mar, los buques holandeses calculaban el tiempo de ruta hasta alcanzar la longitud de las Indias y entonces viraban al norte siguiendo la inhóspita costa oeste australiana. Esta ruta del sur reducía el tiempo de viaje a la mitad y aseguraba la llegada de toda la tripulación sana a las Islas de las Especias. Y ésta, fue la ruta que tomó el Batavia.

Aquella era una época en que los mapas eran inexactos, en que las noticias de nuevos descubrimientos o de peligros marítimos tardaban años en difundirse a todos los capitanes (que el descubridor llegara a la metropoli, presentara su informe, se aceptara lo descrito y se fuera comunicando a otros patronos a medida que iban llegando a la metropoli). Hay que considerar también que la medición de la latitud (distancia respecto al ecuador, norte-sur) era un problema resuelto hacía tiempo; pero la medición de la longitud (posición este-oeste) todavía era aproximada por no existir mediciones del tiempo fiables. La longitud se estimaba, y por ende, el márgen de error acumulado tras varios días de travesía podía llegar a ser considerable.

Por todo ello, en el Batavia, suponían que estaban cerca de la Terra Australis, pero no sabían cuanto. Lo que no podían saber es que a 50 millas del continente, un minúsculo archipiélago de islotes llanos y arrecifes de coral se interponía en su camino. Había sido descubierto en 1619 y señalado como un obstáculo peligroso allí donde se suponía había mar abierto, pero como dijimos, muchos capitanes no tenían esa información en sus cartas. De hecho, su descubridor, Frederick de Houtman las bautizó con el descriptivo nombre de Abrolhos (del portugués abri vossos olhos) de Houtman. De día, quizás se podrían ver a tiempo, pero la medianoche del 3 de junio de 1629, el Batavia colisionó a toda velocidad sin saber qué era lo que se interponía en su camino.

Seguirá.

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Un Comentario »

  1. rodolfo — 23-02-2010 - 15:55:08 GMT 1

    De forma accidental tome fotografias y peliculas de un barco antiguo naufragado en las costas australianas... a lo que despues me entere que era el batavia.....
    tengo el video de lo que queda del batavia (porque una parte aun se conserva)... tengo las fotos de lo que llevaba y su asombroza carga....plata, piedras para un portico

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