Sumergido en el calor
Esta semana en Barcelona, y por lo que creo en el resto de la Península, el calor ha sido asfixiante. El miércoles cometí la insensatez de salir de casa con bambas y calcetines un poco gruesos, y a los quince minutos mis pies parecían sopa de tapioca.
Hoy, que la temperatura volvió a ser decente, me acordé de un libro que leí no hace mucho: El mundo sumergido de J.G.Ballard, un clásico de la ciencia ficción. Una antiutopía, de gran carga psicológica, en que el calor ha invadido la tierra debido a una serie de cataclismos geológicos. Los polos se han derretido y el planeta está medio inudado, con todas las grandes ciudades parcialmente sumergidas. El calor ha convertido las zonas templadas en tórridas, y lo que queda de humanidad vive replegada cerca de un polo norte aún templado. Las temperaturas en la tierra van subiendo, y en el ecuador se alcanzan los 90º, menudo panorama.
Lo interesante de la trama, toda la parte más psicológica, es que la flora experimenta una especie de retroceso a períodos cálidos del pasado (como el carbonífero). Pero también empieza a afectar a los humanos, sobretodo a los investigadores que se aventuran a bajar unos grados de latitud, como los de la trama. Ellos también experimentan una especie de regresión hacia una inactividad física, apatía y desgana total, triásica dice Ballard. En un momento determinado, uno de los investigadores, afectado por una extraña enfermedad física y mental, casi reptiliana, huye del refugio al exterior, donde impera un calor mortal, hacia el sur:
La figura de Hardman se movía ahora a grandes pasos a doscientos metros de distancia, como si no sintiese aquel calor de horno. Alcanzó la primera loma, que unos vastos palios de vapor ocultaban en parte, y desapareció como un hombre que se pierde en la niebla. Las largas orillas del mar interior se extendían hasta fundirse al fin con el cielo incandescente, de modo que Hardman parecía estar caminando entre unas dunas de ardiente ceniza blanca, hacia la boca misma del sol.
Pues más o menos esta sensación de sofoco extremo es la que he sentido estos días en nuestra ciudad.

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